Las noticias de las detenciones de más de medio centenar de activistas de Derechos Humanos en todo el país no hacen sino confirmar la naturaleza violenta y enquistada del régimen que gobierna al país. Algunos se hicieron ilusiones. Otra vez los únicos detenidos, golpeados y retenidos en sus viviendas fueron los opositores pacíficos y sus familiares. Nada de acciones voluntarias, poca solidaridad de los vecinos y un miedo que se le ve a tanta gente. Es un miedo que “mete miedo”.